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viernes, 17 de abril de 2009

El ejercicio durante el embarazo beneficia al desarrollo del feto








El beneficio se explicaría por el vínculo entre los movimientos de respiración fetal y el sistema nervioso autonómico en desarrollo

El ejercicio durante el embarazo beneficia al desarrollo del feto, según sugiere un estudio de la Universidad de Missouri-Kansas City (Estados Unidos) que se ha hecho público durante la reunión anual de la Sociedad Americana de Fisiología que se celebra estos días en Nueva Orleans (Estados Unidos).

El ejercicio tiene muchos beneficios para los adultos, adolescentes y jóvenes, pero se desconoce si tiene algún beneficio durante el crecimiento fetal en el embarazo. Los investigadores han determinado que, en términos generales, el ejercicio de la madre no tiene riesgos para el feto y que podría tener efectos beneficiosos para el bebé.

El objetivo principal del estudio era evaluar la teoría de si el ejercicio materno proporciona beneficios cardiovasculares al feto y determinar si los fetos expuestos a ejercicio tienen mayores movimientos respiratorios en comparación con los no expuestos. Los movimientos respiratorios fetales son un marcador de bienestar fetal y reflejan el desarrollo funcional del sistema respiratorio y el control del sistema nervioso central (SNC).

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores utilizaron un biomagnetómetro fetal no invasivo para medir los magnetocardiogramas (MCG) maternal y fetal junto con los movimientos fetales como la respiración, los movimientos corporales, el hipo y la succión no nutritiva. A diferencia del ultrasonido, que toma medidas estáticas de la anatomía, el MCG registra la fisiología del feto en desarrollo.


Menor frecuencia cardíaca

Concretamente, examinaron los resultados de mujeres embarazadas de 20 a 35 años de edad. Las madres fueron clasificadas como practicantes de ejercicio si realizaban ejercicio aeróbico de intensidad moderada al menos 30 minutos tres veces por semana como caminar rápido, bicicleta estática o correr. Las madres del grupo control no participaban en una rutina regular de ejercicios. El MCG se realizó entre las 24 y 36 semanas de gestación.

Entre las 36 y las 38 semanas de gestación, los movimientos de respiración se identificaron utilizando criterios específicos. Las medidas de frecuencia cardíaca fetal y control autonómico se analizaron durante episodios de respiración fetal y movimientos no respiratorios. Aunque no había diferencias en el número de episodios respiratorios, los resultados mostraron que la frecuencia cardíaca era menor en el grupo de ejercicio durante la respiración y los movimientos no respiratorios. Además, la variabilidad en la frecuencia cardíaca global a corto plazo era superior en el grupo de ejercicio durante los movimientos respiratorios. Los resultados también mostraron que tres medidas independientes de control vagal eran superiores en los fetos expuestos al ejercicio durante los movimientos respiratorios.

Por último, los autores señalaron que durante los períodos no respiratorios no había diferencias en las medidas de control vagal entre ambos grupos. Tampoco descubrieron diferencias entre ambos grupos en el control de la frecuencia cardíaca.

Según los investigadores, estos descubrimientos sugieren un posible beneficio del ejercicio maternal sobre el desarrollo fetal debido al vínculo entre los movimientos de respiración fetal y el sistema nervioso autonómico en desarrollo.

jueves, 19 de marzo de 2009

Cualquier programa de ejercicio es bueno después de un ataque cardiaco

Cualquier programa de ejercicio puede ayudar a mejorar el flujo sanguíneo después de un ataque cardiaco, pero el beneficio se desvanece apenas cuatro semanas después de dejar de hacer ejercicio, según encuentra un estudio suizo reciente.

"El principal objetivo de nuestro estudio fue determinar el impacto de distintos tipos de ejercicio sobre la función vascular [de los vasos sanguíneos]", apuntó la Dra. Margherita Vona, directora del Centro de Rehabilitación Cardiaca de la Clínica Valmont-Genolier de Glion en Montreux (Suiza). "La conclusión fue que en nuestros pacientes, después de un ataque cardiaco, todos los tipos de ejercicio fueron útiles para corregir la disfunción vascular, sin ninguna diferencia entre el ejercicio aeróbico, de resistencia o combinado".


Pero la mejora en el flujo sanguíneo observada en los 209 sobrevivientes a un ataque cardiaco inscritos en el programa se perdió después de cuatro semanas de dejar de hacer ejercicio, según un informe que aparece en la edición del 31 de marzo de la revista Circulation.

"Estos datos implican que es necesaria una buena adherencia a largo plazo a los programas de ejercicio para mantener los beneficios vasculares sobre la disfunción endotelial", apuntó Vona. El endotelio es el revestimiento interno de los vasos sanguíneos. Cuando no funciona eficazmente aumenta el riesgo de un coágulo sanguíneo que puede bloquear una arteria, provocando un ataque cardiaco.

Los participantes del ensayo se asignaron al azar a ejercicio aeróbico, ejercicio de resistencia, una combinación de ejercicio aeróbico y de resistencia, o ningún tipo de ejercicio.

Los que hacían ejercicio aeróbico tenían cuatro sesiones a la semana, que incluían un calentamiento de diez minutos, cuarenta minutos de bicicleta que aumentaban su tasa cardiaca a 75 por ciento del máximo, y un enfriamiento de diez minutos. Los que hacían ejercicio de resistencia tenían cuatro sesiones semanales de diez ejercicios con pesas y bandas de goma, que duraban entre 45 segundos y diez minutos, con intervalos de recuperación de entre quince y treinta segundos.

La función endotelial se midió mediante la dilatación mediada por el flujo (DMF), la cantidad que se ensanchan los vasos sanguíneos para aumentar el flujo sanguíneo. La DMF de duplicó y más en ambos grupos de ejercicio, del cuatro al diez por ciento. No hubo un cambio significativo en la DMF de los participantes que no hicieron ejercicio.

Sin embargo, el aumento en la DMF se perdió un mes después de que se terminara el programa de ejercicio regular.
"Este aspecto es particularmente importante en los pacientes de enfermedad de las arterias coronarias, en quienes la corrección de la función endotelial podría ayudar a hacer más lento el progreso a la ateroesclerosis y probablemente evitaría nuevos eventos cardiovasculares", subrayó Vona.

Añadió que ninguno de los ejercicios causó problemas a los participantes.
Vona apuntó que el programa de ejercicio de resistencia siguió las directrices de la American Heart Association. "Si siguen las directrices de la American Heart Association, todo el mundo puede hacer ejercicio de resistencia", afirmó. "Muchos trabajos muestran efectos beneficiosos del ejercicio de resistencia para la función cardiaca y muscular, en personas normales y también, por ejemplo, en pacientes de diabetes".

El estudio añade algo de conocimiento al muy recurrido tema del ejercicio y el corazón, apuntó el Dr. Johnny Lee, profesor clínico asistente de medicina del Centro Médico Mount Sinai de la ciudad de Nueva York.

Uno es sobre el tipo de ejercicio que debe hacerse, dijo Lee. "La mayoría del tiempo, hablamos a los pacientes sobre ejercicios aeróbicos, como correr, trotar y nadar", apuntó. "No hemos pensado que el ejercicio de resistencia, como levantar pesas y cosas así, puede tener un beneficio igual. Esto demuestra que es así. Que hubiera un beneficio del ejercicio aeróbico no fue sorprendente. La sorpresa fue que el ejercicio de resistencia proveyera un beneficio igual".
En segundo lugar, la pérdida de beneficio después de abandonar el ejercicio observada en los participantes del estudio, que por definición están en el grupo de riesgo cardiaco más alto porque ya habían tenido ataques cardiacos, conlleva un mensaje para la gente en menor riesgo, aseguró Lee.

"Si esto aplica a los pacientes más enfermos, que si uno para pierde el beneficio, muestra que continuar haciendo ejercicio sólo puede tener un efecto positivo si uno es un sujeto normal sin enfermedad cardiaca", apuntó Lee.

Más información
La American Heart Association ofrece una guía sobre el ejercicio después de un ataque cardiaco.


Vía: Healthfinder.gov